Gracias a este parón forzado del cual todos saldremos renovados, llamado Covid 19, me acabo de dar cuenta de que no había contado acerca de mis viajes del pasado año, las experiencias vividas y el aprendizaje logrado…

Recuerdo que el 2019 inicié viviendo mi cumpleaños en la adorada Bélgica, disfrutando de los mercadillos de Navidad y conociendo personas extraordinarias, como nuestro guía, que nos llevó a lugares jamás pensados a tomar cervezas diferentes.

Esos pequeños lugares a los que solo van los que los conocen, compartir con el maravilloso escritor que es… porque esto de ser guía lo hace porque le apasiona y gana algún dinero extra. Nos hizo sentir como Bruselas es una capital con mucha gente de diferentes lugares del mundo, totalmente cosmopolita, y esto enriquece muchísimo…

Realmente fueron unos días maravillosos para iniciar mi nueva vuelta solar entre chocolates, paisajes, cervezas artesanales ¡y la sal de apio que descubrimos para compartir con quesos belgas!

También durante 2019 volvimos a otra gran ciudad cosmopolita como es Londres. Hacía años que no iba, por fin volvimos a recorrer sus parques, mercadillos, su cocina internacional, pasear entre té y pastas, y descubrir pequeños rincones.

Este año 2020 lo he comenzado viajando al soñado Marruecos, que estaba en mi lista de deseos desde hacía muchos años. Concretamente Marrakech era una ciudad que quería visitar en invierno para poder ver la cordillera del Atlas nevado.

Así pues, tomamos unas pequeñas vacaciones y nos fuimos con nuestro guía Abdul y un grupo de amigos. Marrakech es una ciudad única, 19 kilómetros de muralla con 7 puertas para entrar, toda ella en ese color especial que tiene Marruecos, bien cuidada, con su famosa plaza Patrimonio de la Humanidad, un gran zoco bien conservado donde el regateo es arte.

Estaba decidida a regalarme por mi cumpleaños mi primer viaje en globo y Marrakech fue el destino elegido para ello. Ver amanecer montada en globo con la cordillera del Atlas nevado, observar ese milagro de la salida del sol… mi emoción fue tal que mis lágrimas salían solas… estaba cumpliendo mi sueño, mi deseo, compartiendo cesta con personas de diferentes países, observando juntas, en silencio, la majestuosidad de ver salir el sol en un paraje natural a 25 kilómetros del Palmeral de Marrakech.

Ese silencio que se siente al volar en globo es único, ¡Mindfullnes en estado puro! Seis globos volando al mismo tiempo… todo silencio, luz, sol, amanecer y todos sintiendo y viviendo esta experiencia como seres divinos que somos, extasiados por lo vivido y compartido.

Les invito a que tengan esta experiencia en algún momento especial de sus vidas, es maravilloso como el viento te lleva suave y delicadamente hasta aterrizar. Pericia maravillosa del piloto sin duda. Y al bajar, nos esperaba un buen desayuno bereber en Jaima con té a la menta ¡Delicioso!

Lo más importante que descubres viajando son siempre las personas que conoces, su riqueza, su vida. Por ese corto espacio de tiempo ellos son tu familia, no hay fronteras, no hay idioma que nos separe. Viajar siempre te permite ver lo pequeños que somos ante la inmensidad de la humanidad.

¡Los sueños se cumplen! ¿Cuál es el tuyo?